jueves, 5 de agosto de 2010

Días malos. No hay que perder la esperanza


Para el que se pregunte como es el día a día de las urgencias en una Protectora, esto es un botón de muestra. Estos días atrás han sido varias las llamadas urgentes para recoger gatos. La primera se recibió el viernes pasado desde un Centro Comercial situado a las afueras de Logroño. Llevaban días oyendo un gato encima del tejado y no podían cogerlo. Fuimos el mismo viernes, pero ni oímos ni vimos al gato, así que nos fuimos de vacío.

El sábado por la noche, avisan al teléfono de urgencias de la presencia de un gatito en malas condiciones en una urbanización privada de Logroño. Mientras unos compañeros atendían otra urgencia para recoger dos perros en un pueblo cercano, otros nos hicimos cargo de la urgencia felina. Para allí que nos fuimos, transportín en mano a intentar cogerlo. En este caso fue relativamente fácil porque el pobrecito estaba fatal. Tiradito al lado de la piscina del edificio. Desnutrido, deshidratado, con hongos y encima con una fractura abierta de cúbito y radio que dejaba al descubierto los huesos y que nos hacía pensar lo peor.

Lo estabilizamos y lo llevamos al veterinario de urgencias. Durante el camino le pusimos nombre. Parecerá tonto pero todos los seres se merecen un nombre. Golfo lo llamamos. Blanco y negro, menudito, con cara de susto y mucho dolor. A pesar de todo se portó muy bien tanto en el viaje como en el veterinario. Pero su estado era muy muy crítico y encima dio positivo a leucemia felina. El pequeño nació con mala estrella y ha estado muy poquito en este mundo que le ha tenido que parecer sucio y cruel. Solo ha conocido un poco de cariño justo al final de su vida. No pudimos hacer otra cosa por él, que proporcionarle un final sin dolor. Se quedó dormido en paz y sin sentir nada. Estas cosas te dejan marcada. Sabes que, como él, siempre habrá más, pero no puedes remediar sentirte mal. Por lo menos, los perritos que rescataron los compañeros han pasado revisión veterinaria y salvo, desnutrición severa y parásitos para dar y tomar, todo indica que se recuperarán en unas semanas y estarán listos para encontrar ese hogar que, hasta este momento, la vida les ha negado. Yo pude conocerlos el lunes por la tarde en la clínica veterinaria y son dos pedazos de pan que no quieren otra cosa que mimos. Por lo menos esa tarde se salvaron dos vidas.

El lunes por la mañana, volvimos a recibir otra llamada del mismo centro comercial del viernes. Ya sabían donde se había escondido el gatito. No se sabe cómo se había colado al falso techo de la zona de recepción y no tenía salida ni acceso a comida o agua, así que estaba desesperado. Con la ayuda de una jaula trampa instalada en el falso techo y comidita rica como cebo, pudimos cogerlo el martes por la mañana y en este caso hemos llegado a tiempo auque unos días más y hubiera muerto de inanición y encerrado. Tras pasar revisión veterinaria, ahora está en una casa de acogida para recuperarse un poco de la desnutrición y deshidratación que tiene. Ha resultado ser una preciosa hembrita de ojos verdes que, aún desconfía un poco del mundo que la rodea pero que, estamos seguros que poco a poco se irá rindiendo a los placeres de un hogar.



Esto es el día al día de los rescatadores de animales. Si te animas a participar, a compartir la experiencia, a reir, a llorar y a sufrir por ellos en compañía de gente que, como tu, siente la necesidad de hacer algo para cambiar las cosas, te proponemos colaborar con la Asociación Protectora de Animales de La Rioja.

Contacta en el 941.233.500 o visita la sede en el horario habitual.

Muchas gracias,

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