jueves, 7 de octubre de 2010

Un caso real: Embarazo, niños y gatos (Conclusión)





Conclusión del escrito recibido por Laura, futura mamá, sobre un tema que preocupa a bastantes futuras mamás y sobre lo que existen demasiadas leyendas urbanas y poca información y menos ganas de saber. Os la he querido reproducir tal cual me llegó porque me parece que es muy aclarador. Esta es la última entrega y desde aquí enhorabuena a Laura por su bebé y por su relato.



Hay personas que no deberían tener ni niños ni gatos. No deberían tener niños porque los van a tener de forma egoísta, no van a pensar en ellos, no van a vigilar que no cojan algo del suelo, van a enchufarles un chupete para que se callen y a dejarles llorar aunque al niño le pase algo, porque ellos quieren dormir. Tampoco deberían tener animales, porque también los tienen por egoísmo, no van a tener cubiertas sus necesidades, no van a comprenderles, incluso van a maltratarles (cosa que suelen hacer también con sus niños).


Esas personas van a dejar que el niño se meta en la boca una caquita de gato porque no van a estar ahí y tampoco van a mantener limpio el arenero o a habilitar barreras para que el niño no acceda al mismo. Esas personas no van a molestarse en tratar a sus gatos con dulzura cuando llegué a casa el bebé. Y por todas estas razones, por mucho que no tengan animales, tampoco deberían tener niños, ya que no están preparados para ello, no saben lo que es la empatía, no saben satisfacer otra cosa que no sea su propio ombligo.

Cuando llegué con mi bebé a casa se lo enseñé a mis gatos dentro del cuco. Ellos se extrañaron y vinieron a asomarse y a olerle de lejos. El bebé ni se inmutó. Han pasado los meses y vivimos todos juntos, en perfecta armonía. Mi hijo sólo ha recibido de mis gatos mimitos (cuando se atrevieron a acercarse un poco) y protección. Cada vez que viene alguien a casa a ver al niño ellos salen para vigilar que el extraño no dañe al bebé, incluso dos de mis gatos que jamás aparecen (por miedo) cuando vienen visitas. Y cuando la visita se va ellos vuelven a irse del salón.

Eso si, pese a que la realidad golpea y es evidente que efectivamente no pasa ABSOLUTAMENTE NADA por tener gatos durante el embarazo y luego con un bebé conviviendo con ellos, mi entorno sigue repitiendo una y otra vez que “si sigo teniendo a los gatos, que a ver que voy a hacer” y blaaa blaaa blaaaaa. ¿Que el niño nació perfecto y ven que está sanísimo y feliz? No pasa nada, ellos deben seguir machacando porque creen los gatos son seres malignos que deben ser erradicados de la faz de  la tierra. O porque simplemente para ellos son esos graciosos animalitos de usar y tirar que una vez que tienes un niño debes “donar” porque ya no te hacen falta, como si el niño los sustituyera.
No dejéis que os ganen la batalla, la ignorancia es muy atrevida, y ellos seguirán. Os harán sentir mal, os harán sentir impotentes porque no escuchan, porque no aceptan la verdad ni aunque el tiempo os de la razón una y mil veces. Intentarán haceros creer que sois malas madres.

Pero como yo digo: ser buena madre se demuestra con tus actos, no intentando quedar bien con la familia. Y no hay acto más deplorable que el abandonar a un animal. Mi hijo no va a aprender eso de mi, jamás, no verá fotos de un gatito y tendré que inventarme una mentira para no tener que decirle que lo abandone cuando me quedé embarazada o cuando él vino al mundo. Y aquellos que aconsejan abandonar deberían plantearse por qué necesitarían mentir a su hijo sobre el gatito de la foto.
Mi hijo aprenderá a convivir y amar a los animales y por ende a las personas, aprenderá lo que es la empatía. Aprenderá a ser una mejor persona. Sed felices, disfrutad de vuestro embarazo y de vuestra maternidad, dejad que vuestros animales os cuiden, cosa que no hacen aquellos que sólo os intentan hacer sentir mal.


Y sobre todo, informaros de todo antes de hacer alguna tontería.
Y los cuentos de vieja, que se los lleve el viento.





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