sábado, 19 de marzo de 2011

Camino hacia la luz

Estoy muy cansada. Apenas me puedo levantar. Tengo ataques continuamente y no entiendo qué me pasa. Me duele el cuerpo y los huesos, he vuelto a perder la sensibilidad en mi cara y el mundo cada vez parece más raro.

Cuando esta mañana Ana ha salido a darnos el desayuno, he hecho un esfuerzo y me he levantado para acercarme a ella, me alegro de verla y quiero mi ración de mimos. Pero ella se ha marchado rápido a llamar a Rodrigo. Su voz sonaba rara y aguda, y cuando los dos volvieron parecían nerviosos. Se han abrazado y pude oler que, de sus ojos, caía agua salada. Yo me he metido entre sus piernas reclamando su atención, y eso les ha hecho reír. ¡Qué raros son los humanos!

Al rato me han subido al coche, y casi adivino que vamos a visitar a Juan, mi veterinario. Últimamente le visitamos mucho. Por el camino sigo oliendo agua salada, y oyendo la voz alterada de ambos.
Llegamos. Mientras ellos hablan, yo espero, así que me tumbo en el suelo a descansar, pero estoy incómoda. Me cuesta moverme, el suelo es resbaladizo y hace daño. Ya no me preocupo, estoy muy cansada y sé que ellos cuidan de mí. Pero no tiene buena pinta….

Me tumban en un sitio que han preparado para que no tuviera frío, y hablan entre ellos rápido. Ana me abraza y me toca con su boca en mi cara, yo le lamo y noto al agua salada que sale de sus ojos. Llega Juan, el veterinario y él también me abraza y me acaricia. Todos parecen tan raros…

Creo que ya entiendo lo que ocurre. Es el momento de irme. La vida es así, y me ha llegado la hora. Está bien, estoy cansada y dolorida, creo que es lo mejor. De repente empiezo a tener mucho sueño, se me cierran los ojos. Me parece ver una luz blanca a lo lejos. ¿Qué habrá detrás? Creo que voy a ir a descubrirlo. Pero antes, quiero hacer un último esfuerzo.

Abro los ojos, miro a Ana, a Rodrigo, a Juan, veo en ellos a todos los que hoy no están pero que también se han preocupado por mí estos últimos meses, y sobre todo miro a Ana, ella me han dado mi familia. Espero que entienda, en mi mirada, lo que le quiero decir:

Gracias mamá. Adiós. He sido muy feliz con vosotros.

Noa se durmió el 16 de marzo de 2011, y en ese momento estaba acompañada por su familia y por aquellos que intentaron hacer su vida mejor desde aquel día fatídico que le diagnosticaron el maldito tumor cerebral que se la llevó de nuestro lado.

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