martes, 29 de noviembre de 2011

Porqué lo hago

Reconozco que muchas veces me preguntan porqué hago lo que hago. Con la de cosas que hay por arreglar en el mundo, porqué elijo precisamente ésta.

Me quedo con esta reflexión. Hay proyectos grandes que nunca deben de perderse de vista y en los que hay gente muy cualificada trabajando a tope, tanto en nuestras ciudades como por el resto del mundo, pero también están los proyectos pequeñitos, a pie de calle, que necesitan también de gente dispuesta a trabajar por ellos. Los animales son de esos proyectos pequeñitos que no suelen quitar el sueño a casi nadie, salvo a los que estamos metidos hasta el cuello y a los que nos provoca, incluso pesadillas, por no poder llegar a todo.

No he sido de esas personas que han crecido rodeadas de animales, aunque debo reconocer que mi familia siempre se ha preocupado por inculcarme el mayor respeto posible hacia todos los seres vivos. Lo mío llegó más tarde. En cuanto dejé el nido familiar para independizarme, ya tenía muy clarito qué era lo primero que iba a hacer. Adoptar. Y lo primero fue un gato. Por aquel entonces, trabajaba en una oficina y mis horarios eran tan incompatibles con las necesidades de un perro, que me parecía injusto hacerle eso a un animal.

Y ahí empezó todo. Implicarme en temas de protección animal fue el segundo paso y el que me marcó para siempre. Como entonces sabía más bien poco de animales, lo tercero fue buscarme la vida para formarme lo mejor posible y poder ayudar de una forma competente. Lo demás llegó solo.

Ahora, muchos años después y mucha formación a las espaldas, los animales son mi familia y mi vida y por eso me alegra ver que somos muchos, los que nos sentimos unidos en esta lucha diaria por ayudar a los animales en apuros.

Debemos ser responsables cuando decidimos incorporar un animal a nuestras vidas, ser consecuentes con la decisión, meditarla, sopesarla… Si es un cachorrito ahora es pequeño pero, ten por seguro que crecerá formando parte de nuestra familia y debemos cuidarlo hasta que sea él, el que nos abandone. Un animal es un ser vivo, una responsabilidad que nosotros elegimos, debemos educarlo, cuidarlo, mantenerlo, saber que le tendremos que dedicar tiempo, espacio, cariño, dinero, para tenerlo en condiciones.

En el artículo 1 de la Declaración de 15 de octubre de 1978, aprobada por la ONU, de los derechos de los animales se dice que “Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia” Pero el art. 2 me encantaría si fuera cierto: “El hombre, en tanto que especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a otros animales o de explotarlos violando ese derecho. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los animales. Todos los animales tienen derecho a la atención, a los cuidados y a la protección del hombre”

¿Mis razones para hacer lo que hago? Creo que es necesario ayudar de todas las formas posibles para cambiar la situación actual de los animales en nuestra comunidad. Hay que sacar a la luz la realidad para tratar de buscar soluciones entre todos. Es mejor colaborar que poner zancadillas. Es más eficiente unir fuerzas que buscar bandos. Los únicos culpables que nos deben importar son los que abandonan y maltratan a un animal.

Y el primer paso para acabar con el abandono y la muerte de miles de animales en perreras, es mentalizar a la sociedad en su conjunto (no solo a los animalistas, que ya están por la labor, sino a todos). Y sobre todo debemos exigir que la Ley de protección animal se aplique (Ley 2/2000, de 31 de Marzo, de Protección de los Animales que modifica la Ley 5/1995, de 22 de Marzo, de Protección de los Animales). Si alguien quiere leerlas, estaré encantada en facilitárselas.

Os dejo con una pincelada para la reflexión. El artículo 38.2 de la Ley 2/2000, de 31 de Marzo, de Protección de los Animales relativo a las sanciones dice textualmente: “Con independencia de las sanciones penales o administrativas que en cada caso procedan, el infractor deberá reparar el daño causado.” Que se lo cuenten a los miles de perros que van a morir cada año a la perrera o, peor aún, tirados en una cuneta, porque los que un día fueron sus dueños, decidieron que ya no eran útiles o sobraban.

Hoy, me quedo con la foto del animal que empezó todo. Mi pequeño gran Gordo. Mi primer Perrygato.

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