lunes, 5 de diciembre de 2011

Mezcla de sentimientos

Tenía borrachera de felicidad hasta que me puse frente al ordenador por la tarde. El primer curso del Comportamiento y Comunicación del gato celebrado como Perrygatos este pasado fin de semana, ha sido genial. Un grupito pequeño pero una sensación grande de complicidad y de buen rollo. Una sensación de ir por el buen camino que me llenaba por completo. Un subidón.

Pero, se desvaneció demasiado rápido. Tras volver de casa de mis padres, decidí ponerme al día con correos y me encontré un mensaje de Marta, contando una de esas experiencias traumáticas de las que te gustaría desaparecer, desearías no haber estado ahí en ese momento y quisieras que no te tocara nunca. De ese tipo de cosas que, para los que amamos a los animales, se convierte en una auténtica pesadilla pues te deja la sensación de vacío por el sinsentido de la situación, de impotencia de no poder hacer más y de rabia por las razones de que sigan ocurriendo este tipo de cosas. Ella nos lo contaba así:


Cuando venía de la huerta me he encontrado en la calle una mujer dándole palos a un perro. Lo primero que he pensado es que lo estaba maltratando pero, nada más lejos de la realidad. La mujer intentaba desesperadamente que un gran perro soltara al suyo, que por desgracia ya estaba muerto y cubierto de sangre. Me he bajado del coche y he pedido ayuda a un chico para intentar soltarlo, pero ha sido imposible. Era un perro enorme que se había cegado y al intentar soltarlo se nos ha vuelto. Ante eso hemos desistido, dado que el pobre perro ya estaba muerto.


El perro en cuestión, un ppp, que se veía de sobra que estaba entrenado para lo que ha hecho: Pecho hiper musculado, cuello exageradamente ancho y ataque al cuello y cegado por completo. La víctima, un pobre perrito un mestizo de caniche de 12 años, no ha tenido la menor oportunidad. No os podéis imaginar como lo ha dejado. Todas las imágenes impactantes que hayáis visto de peleas de perros o sparring, no son nada comparadas con esto.


Tras el ataque no quedaba perro. Lo ha destrozado literalmente. La dueña del perro con un ataque de histeria, yo llorando a moco tendido de impotencia. Una escena terrible para no olvidar. Mientras el perro atacante seguía cebado con el pequeño, he llamado a la policía, y al cabo de media hora, se ha presentado la municipal, la nacional y la guardia civil.


Tras muchos dimes y diretes de quién cogía al perro, al final hemos atado al perro, puesto que con las personas no presentaba ningún tipo de problema de agresividad y se lo ha llevado el personal de la perrera.

El perro tenía chip y su futuro es seguro. El que mata, muere. Aquí no hay juicio ni defensa posible aunque, estoy convencida que, en manos de otra persona, ese perro nunca hubiera llegado a ese punto. Habrá que ver qué le toca al dueño. La experiencia nos dice que, en muchos casos, se va a casa con una ligera multa y, eso, con suerte.

La víctima, una perrita que paseaba con su dueña, no tenía ninguna culpa para terminar sus días de una forma tan horrible, por el mal hacer de otros. La propietaria, destrozada, aún no se cree lo que ha pasado. No es justo.

Y me pregunto ¿Por qué pasan este tipo de cosas? ¿Hasta cuándo lo permitiremos? Porque, sabemos que, desgraciadamente, sigue habiendo gente sin escrúpulos que se dedica a entrenar a estos animales con el fin de lucrarse en peleas clandestinas. Y no dejo de pensar en Marta y en cómo se sentirá ahora, pues hay personas que aman a los perros, pero ella los adora y siente especial predilección por los ppp, invisibles a los ojos de la mayoría de personas por su fama. Ella los entiende y los respeta en su naturaleza y carácter. Es la primera que sabe que la educación es el pilar fundamental para una convivencia perfecta con estos animales y la trabaja diariamente con sus perras (propias y acogidas)

Que las personas responsables de este tipo de desgracias no sean castigadas como realmente merecen, me indigna pues, les damos alas para seguir haciendo lo mismo. Total, no pasa nada. Perros hay muchos y de todos los tipos. La perrera está llena y no tienen más que ir y elegir la próxima víctima de sus atropellos para convertirla en otra máquina de matar. No deberían tener el privilegio de tener un perro nunca más. ¿Para qué?. ¿Para seguir haciendo lo mismo? No son dignos. No lo merecen. Ojalá toda esta gente desapareciera. Todos ganaríamos mucho.

Kira, en la foto, es uno de esos "descartes" que busca hogar. Marta la conoce bien pues Kira tiene su carácter y necesita una persona firme que sepa llevarla con cariño y control. www.aparioja.org

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