miércoles, 28 de diciembre de 2011

¿Qué sienten ellos?

Anoche mientras estaba en el sofá, vino correteando Lady sobre sus tres patitas, como todas las noches, a acurrucarse a mi lado mientras me amasaba y ronroneaba. Mientras la miraba, me dio por pensar, qué estaría pasando en esos momentos dentro de su cabecita pequeña, redonda y peluda.

No toda su vida ha sido así de fácil para ella. Lady siempre fue una gata callejera. Tiene demasiados años encima, que ya empiezan a delatar tanto su pelaje como su dentadura. El 20 de Diciembre pasado, cumplió 3 años conmigo pero para cuando llegó a casa, ya arrastraba mucha historia detrás.

Lady llegó a mi vida, tras haber sido recogida en una colonia semisalvaje, después de haber sido atropellada y abandonada a su suerte con una pata totalmente desgarrada. Había sido madre muchas veces, demasiadas. Había pasado hambre y frío y no buscaba demasiado el contacto humano. No se fiaba. No la habían tratado bien.

Nadie daba un duro por ella. Gata adulta, salvaje y con una pata de menos. Nadie la iba a querer así. Pero entonces ella me miró y yo a ella y ambas supimos que estábamos predestinadas.

Esa gata callejera, arisca y muy suya, se integró rápidamente en casa y demostró sus ganas de vivir y su afán de superación. Al principio derrapaba en las curvas con sus tres patas. Ahora corre la que más, sobre todo si hay lata en juego. Ahora siempre está conmigo. Siempre a mi lado. Siempre contenta. Siempre ahí. El día que falte, sé que la echaré muchísimo de menos. Ha sabido hacerse un hueco enorme en mi vida y en mi corazón.

A muchos, le sonará tonto o noño, pero lo siento así. Por eso, cada vez que veo un perro o un gato en los cientos de fotos que me llegan todos los días, de animales buscando hogar, no puedo por menos que pensar, qué sentirán ellos. Cómo ha sido su vida hasta ahora y cómo puede llegar a ser, si alguien decide darles una oportunidad.

Nosotros los hemos traído a las ciudades, los hemos metido en casa y, cuando nos hemos cansado, los hemos condenado al abandono y al olvido. Y ellos sienten, quizá no de igual modo que nosotros pero sí a su modo. Y aman, perdonan y olvidan. Viven el presente sin rencores del pasado, tan solo disfrutando del momento. No temen el futuro. Para ellos solo existe el ahora. A veces, me dan envidia.

Si nunca has sentido algo así, te invito a mirarte en los ojos de un perro o un gato. Entonces, estoy segura de que me comprenderás.

2 comentarios:

  1. No sólo te comprendo, sino que pienso muy parecido.
    Un saludo.

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    1. La gata, se diría que es mi gatito son igualitos, nosotros lo recogimos de la calle hace ya 11 años, y es buenísimo.

      Muy interesante todo lo que he leído.

      Te he visto en el concurso 20blogs, quizás te interese "Conocer Madrid".

      Un saludo

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