lunes, 9 de enero de 2012

La primera acogida del 2012

Un clásico dentro del maltrato animal, aunque no se hable demasiado de él, es la falta de atención sanitaria a los animales de compañía. El hecho de gastar dinero o tiempo en los animales, sigue estando mal visto en una sociedad, como la nuestra, supuestamente avanzada.

Muchas personas siguen considerando al perro como una mera herramienta (caza, guarda, defensa…..) y en otros casos, como un entretenimiento con el que pagar frustraciones o cumplir expectativas. Demasiados perros, son fruto del capricho o la moda pasajera. Lo que es evidente es, que los perros que viven en nuestras casas, no han elegido hacerlo. Por lo tanto, hemos de ser responsables de lo que les ocurre a partir de ese momento.

Siguen siendo demasiado habituales las críticas hacia personas que realmente nos preocupamos por la salud de nuestros animales, del tipo de “cómo puedes gastarte eso en un animal, habiendo gente que sufre” o “con lo que te estás gastando en el perro, te podías comprar otro”. Nunca me he comprado un animal y nunca lo haré.

Sin embargo, muchas veces, no hace falta entrar en tratamientos muy caros o cuidados específicos. La simple negación de los tratamientos básicos o de prevención de enfermedades, produce daño en nuestros animales y, eso, carece de toda justificación. El hecho de no usar tratamientos antiparasitarios regularmente, o administrar las vacunas necesarias, dependiendo de la zona, hace que los perros tengan parásitos tanto internos como externos o adquieran enfermedades perfectamente evitables.

Nuestra falta de criterio o de educación, da lugar a situaciones totalmente absurdas, como la que se da con los perros de finca, de caza, etc. Estos perros, destinados a una utilidad específica, como es cazar o vigilar una propiedad, a menudo, no reciben las atenciones necesarias.

Bienvenida apareció el día de Reyes, vagando por la carretera sola, delgada, asustada y con el cuello cortado. Es una perra de caza y tiene pinta de haber pasado gran parte de su vida amarrada a una soga. Se muere de gusto por una caricia, un poco de calor, o por acercarse y estar al lado de los niños. Después de ser atendida por el veterinario de La Asociación Protectora de Animales de La Rioja, se recupera de sus heridas, en una casa de acogida, donde se muestra fiel, cariñosa, buena y sumisa. Tendrá aproximadamente un añito, y en su corta vida ya sabe lo que es sufrir. Necesita un hogar donde olvidar todas las malas experiencias que ha tenido desde que nació, y donde recibir todo el cariño que no ha recibido hasta ahora. Para acoger, apadrinar o adoptarla, ponte en contacto con la Protectora en el 679064646.

 www.aparioja.org

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