jueves, 12 de enero de 2012

Mi perro no se despega de mí.

Me voy encontrando con varios casos de personas tiranizadas por su perro, que no les deja ni a sol ni a sombra. El patrón es bastante común. El perro busca el contacto permanente con su propietario, está siempre a su lado, ladra en cuanto oye a alguien ajeno, ladra cuando no se le hace caso o en cuanto se siente nervioso por cualquier motivo, parece siempre está asustado o ansioso, ….

Voy a intentar explicar la dependencia en los perros. Cuando el cachorro llega a un nuevo hogar, sus horizontes se agrandan y queda sujeto a influencias cada vez más amplias: Los demás miembros de la familia, los otros perros de la familia o los que se encuentra en el parque, los vecinos, etc.

El tipo de dueño y las relaciones entre perro y propietario constituirán, para el cachorro, los factores ambientales determinantes de la clase de perro que llegará a ser, de los problemas a que se enfrentará en su búsqueda de la madurez y de las maneras en que tratará de resolver estos problemas.

Y aquí es donde entra a jugar el propietario puesto que su forma de hacer las cosas va a determinar la forma de actuar del perro ahora y en el futuro. Los dos factores más influyentes son el afecto y el control.

El cachorro es dependiente absolutamente. Necesita de alguien para sobrevivir, aprender, y también para amar.

En el caso del perro adulto doméstico, la distinción entre dependencia e independencia es muy frágil, puesto que se trata de un animal doméstico, concebido para que dependa del hombre.

Domesticar quiere decir “traer a casa”. El perro se introdujo en los hogares con una labor específica, es decir, para trabajar a cambio de que el ser humano le resolviese la vida. Nada era gratis y todo el mundo sacaba beneficio de la relación.

En la actualidad, muchas veces, la labor exclusiva de un perro de compañía se limita a estar ahí. No tienen ninguna obligación y no saben enfrentarse a la frustración ni a los problemas. Busca el apoyo constante del propietario o de otros perros.

En demasiadas ocasiones, el hombre se equivoca a la hora de ofrecer afecto al perro, y provoca un exceso de dependencia. Otras veces el hombre provoca el exceso de dependencia para explotar más fácilmente al animal.

Sea por el motivo que sea, cuando se genera en el perro un exceso de dependencia y no se soluciona antes de que sea plenamente adulto, se constituirá una personalidad dependiente y eso es un problema para el perro y para el propietario.

El problema real surge cuando enferma o fallece el dueño y nadie quiere hacerse cargo del animal. O cuando, como está ocurriendo cada vez con mayor frecuencia, el animal excesivamente dependiente, termina hartando tanto a sus dueños, que lo abandonan. Algo injustificable desde mi punto de vista, habida cuenta de que somos, precisamente nosotros, los que hemos provocado el problema.

Recomendación: Afecto sí pero en la medida apropiada (se lo tiene que ganar) sin olvidar la disciplina en el buen sentido de la palabra.

El protagonista de hoy se llama Baster y apareció abandonado en Alberite. Es un cachorro macho, de un mes y medio de edad como mucho. Este peluchón necesita un hogar donde ser feliz.

Para adoptarlo, ponte en contacto con la Asociación Protectora de Animales de La Rioja en el 679064646 www.aparioja.org

No hay comentarios:

Publicar un comentario