miércoles, 26 de septiembre de 2012

Animales estresados

Ayer durante la entrevista de Cadena Ser, me preguntaban sobre mi trabajo y, si realmente había tantos problemas de convivencia entre animales y humanos como para justificar la necesidad de los educadores y terapeutas. A los que me escuchasteis y me conocéis, creo que no os sorprendería la respuesta. Las personas somos capaces de pasar nuestro estrés a nuestros compañeros de cuatro patas. Parece mentira, porque ellos no madrugan para ir a trabajar, ni corren porque no llegan a una cita… pero, perciben nuestro estrés y también lo sufren, a su manera, con diversas consecuencias.

El estrés (del inglés stress, ‘tensión’) es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.

El estrés es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia, a pesar de lo cual hoy en día se confunde con una patología. Esta confusión se debe a que este mecanismo de defensa puede acabar, bajo determinadas circunstancias frecuentes en ciertos modos de vida, desencadenando problemas graves de salud.

Sin estrés no podríamos vivir. No tendríamos la necesidad de cumplir compromisos, llegar a la hora, hacer la compra para tener comida en casa ….. Los mecanismos psicofisiológicos de la respuesta del estrés juegan un  rol primordial en el proceso de adaptación y supervivencia.

Existen dos tipos de estrés: el estrés agudo y el estrés crónico. El estrés agudo es una respuesta necesaria y sana de afrontar un estímulo, en la que de manera puntual se activan una serie de mecanismos por parte del sistema nervioso y endocrino. Esto puede incluso en ocasiones salvar la vida del animal, por ejemplo un animal que es perseguido por un depredador, y necesita correr como nunca antes había corrido. El incremento de ansiedad, cortisol, adrenalina y otras hormonas generadas durante una situación de estrés es esencialmente protectora  y de mantener el equilibrio homeostático.

Las situaciones de estrés agudo requieren del consumo de gran energía por parte del animal, y tras dichas situaciones debe haber un periodo de calma adecuado para que el animal se recupere.

El problema viene cuando el animal sin llegar a recuperarse de la primera situación de estrés, se enfrenta a una segunda, y sin haberse recuperado de esta segunda a una tercera…el estrés se convierte en crónico. El animal vive en un estado casi permanente de alerta, y tiene una producción de cortisol y adrenalina superior a los valores normales lo que produce efectos secundarios que repercuten en la salud del animal.

Cuando la secreción de cortisol es muy alta, el cuerpo se prepara para hacer frente al estrés. A medida que el estrés continúa, la serotonina, la noradrenalina (NA) y la dopamina se van agotando. Al agotarse la NA, se agota la función endorfina (que alivia el dolor).

Si la NA se inhibe, el cuerpo bloquea el gato de energía y se desconecta. Si la NA continua descendiendo, el cuerpo se bloquea totalmente.

El estrés afecta o altera a:
  • Capacidad de concentración. Crecen las emociones.
  • Aprendizaje. Se aprende menos.
  • Emociones. Casi siempre las exagera.
  • COMUNICACIÓN.
  • Experiencias
  • Aprendizaje
Cuando hay estrés, todo lo que el cerebro inventa en función de los aprendizajes anteriores, se convierte en amenaza.

Normalmente en estos casos el umbral de agresividad y miedo disminuyen, por lo que estas reacciones se desencadenarán con mas facilidad frente a estímulos cada vez menores. Los animales se vuelven mas reactivos con todo lo que ocurre a su alrededor y se sobreexcitan en situaciones que antes no les alteraban.

El coste energético para mantener este estado de emergencia es tan alto que es necesario utilizar recursos destinados a otras funciones orgánicas, como son el crecimiento y el correcto funcionamiento del sistema inmunológico. El pelo esta deslucido, el animal adelgaza y se ve desmejorado. La capacidad de aprendizaje y la memoria están reducidas, en contrapunto a la respuesta al dolor y los periodos de vigilia, que son cada vez mayores.

Existen numerosos motivos que generan estrés, como son: Ejercicio físico excesivo o inadecuado, hambre, miedo, dolor, angustia, hacinamiento en perreras, encierros prolongados, baja estimulación psicológica, manipulaciones inadecuadas, inmovilización.

Para solucionar un problema de estrés crónico es fundamental seguir unas pautas de reducción del estrés acompañados de una buena alimentación. En estos casos, es fundamental contar con la ayuda de un profesional que realice la correspondiente terapia. Estas intervenciones suelen llevar un tiempo pero con la colaboración imprescindible del propietario y una dosis de paciencia se obtendrán excelentes resultados.

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