lunes, 23 de septiembre de 2013

Son días de fiesta en Logroño y casi todos disfrutamos del cambio de rutinas. Sin embargo, nuestros compañeros de cuatro patas no suelen ser tan amigos de algunas celebraciones. Con los petardos y los fuegos artificiales, son muchos los  perros y gatos que se estresan, y presentan síntomas de ansiedad y hasta pánico.

Estos días me ha tocado ver a más de un perro aterrorizado ante algo que no controla. Entran en auténtico estado de pánico, no ven aunque lleven los ojos desorbitados y reptan tirando de la correa en un intento desesperado de volver a casa cuanto antes. Se vuelve especialmente importante extremar las medidas de precaución si vivimos con un animal miedoso. En estos casos, evita sacarlo de paseo a las horas más comprometidas y, cuando salgas, asegúrate que lleva el collar bien puesto y asegura la correa para evitar que el perro salga corriendo y se escape en caso de pánico. Si eso ocurriera, la única forma de poder recuperar al animal perdido es, si lleva un microchip identificativo implantado.

Desgraciadamente, muchos perros desarrollan un miedo irracional a los ruidos. Puede ser a una sola clase de ruido como los truenos, petardos….; A varios ruidos o a todos los ruidos fuertes en general. No hay un origen definido para este problema, que se suele relacionar con una deficiente socialización temprana o malas experiencias pasadas. Generalmente el perro que siente un miedo irracional ante los petardos, suele reaccionar de dos formas diferentes en función de la situación en la que se encuentre:
  • Intenta esconderse para evitar el problema
  • Sale huyendo para escapar de la situación que lo aterroriza.
El perro que sale huyendo es el que más peligro corre puesto que el estado de pánico, provoca que no oiga nada, no vea nada y tenga más riesgo de ser atropellado o de perderse y no saber volver a casa.

En la mayoría de los casos, el propio perro dentro de casa, elige un refugio seguro para pasar el “mal rato” de los petardos. El animal solito se va al fondo de la casa (normalmente un baño o aseo), donde todos los ruidos se amortiguan y se queda allí tranquilo hasta que todo vuelve a la normalidad.

En casos extremos, el veterinario puede aconsejarnos sobre el uso de difusores o collares de feromonas que ayudan a calmarse a nuestro perro.

Si el perro, al asustarse, se esconde en otra habitación o debajo de una silla, sofá, etc. nunca hay que forzarle a salir de su refugio. Ese refugio hace que se sienta más tranquilo y lo ayuda a controlar su miedo. Si intentamos sacarlo, el perro se sentirá amenazado ya que lo estamos despojando de su única protección, su miedo se convertirá en pánico y se agravará la situación. Si mantenemos la calma, no debe extrañarnos que al cabo de un rato, nuestro perro salga de su refugio una vez superada la situación, cuando se sienta seguro.

Si tu perro tiene miedo a algún ruido en particular, debes ser consciente que si no haces nada para solucionarlo, no se le va a pasar con el tiempo. Al contrario de lo que pensamos, el problema se puede agravar. Las fobias no tratadas se hacen más severas cuando se produce una exposición repetida y sin control al estímulo que las causa.

Es el momento de prevenir pero, una vez pasadas las fiestas, es recomendable ponernos manos a la obra para ayudar a nuestro perro a superar sus propios miedos y afrontarlos de otra forma más tranquila

Dunia es una perrita de lo más miedoso. Ha mejorado bastante pero aún queda mucho trabajo que hacer con ella pues se muestra desconfiada ante los cambios y necesita rutinas específicas para seguir avanzando. En las fotos, una muestra del antes y de cómo va ahora. Si quieres ayudar apadrinando, acogiendo o adoptando, escribe a dan.asociacion@gmail.com

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