martes, 5 de agosto de 2014

¿Por qué me muerde mi gato?

Es una de las preguntas más repetidas pero, lo cierto es que no hay una sola respuesta y deberemos tomarnos nuestro tiempo para encontrar la más adecuada a cada situación. Cuando un gato muerde, puede ser por muchos motivos pero no debemos perder de vista que por naturaleza es un animal cazador y como tal, uno de sus juegos preferidos es el del acecho y la caza. Debemos conocer la forma de fomentar este juego, desde la llegada del animal a casa, de una forma agradable para nuestro amiguito, pero segura para nosotros.

Agresión por juego

No debemos acostumbrar al gatito pequeño a jugar con las manos. Puede parecernos gracioso cuando los dientecitos de leche apenas son agujitas pero, cuando nuestro cachorrito crece y se convierte en un gatazo con la dentición completa y desarrollada, el juego no resulta tan agradable para nosotros aunque, para él, sigue siendo un juego y, además, no entiende que nos enfademos por algo que nosotros mismos hemos consentido.

Es preferible jugar siempre utilizando los juguetes adecuados que mantengan nuestras manos alejadas de las garras y dientes de nuestro gato. Podemos usar los (plumeros o las cañas), que simulan presas y activarlos durante los momentos de diversión, puesto que nuestro gato adora el movimiento y, en cuanto paramos de jugar con él, la actividad pierde interés y se marcha a hacer cualquier otra cosa.

Otra forma de evitar el juego de caza y acecho de los gatitos empeñados en "cazarnos" los bajos de los pantalones, las faldas o las zapatillas en movimiento cuando vamos de un lado para otro de la casa, consiste en desviar su atención hacia algo mucho más atractivo, como por ejemplo (pelotas) o (ratoncitos de vivos colores y con plumas), atado con una cuerda larga a la cintura para que sea la presa a cazar.

Los gatos disfrutan enormemente con esta actividad y aprenden a diferenciar lo que es juguete de lo que no lo es.

También puedes colgar una (pelota, amarrada con una cuerda), a una altura que invite a tu gato a brincar para moverla (por ejemplo, al pomo de la puerta) y lo mantenga ocupado tratando de bajarla.


Cuando muerden por sobreestimulación

Seguro que te suena la situación en la que estás acariciando a tu gato mientras lees o ves la televisión y, de repente se cuelga de la mano con uñas y dientes. En estos casos, lo mejor es quedarse inmóvil puesto que, al menor movimiento, desencadenarías un ataque de verdad. En ocasiones lanzar algo lejos de nosotros, redirige la atención del gato pero, normalmente, al quedarnos quietos, en poco tiempo, el gato pierde interés y se aleja.

Lo que nos hemos perdido antes del intento de agresión, son todas las señales que el gato nos ha lanzado a través de su lenguaje corporal (A todos nos pueden gustar las caricias pero el exceso, cansa). La próxima vez, fíjate: La clave suele estar en la cola puesto que si empieza a moverla de un lado a otro, es el momento ideal de parar la sesión de caricias. Cada animal tiene su propio nivel de tolerancia y, es nuestra responsabilidad como propietarios, conocerlo y respetarlo.

El vientre de los gatos es una zona hipersensible. Es raro que un gato soporte durante largo rato las caricias en esa zona, probablemente porque es la región más vulnerable del cuerpo felino. No debemos olvidar que un gato que se tumba sobre el costado, tiene todo el arsenal felino (boca y garras) dispuesto para defenderse en caso de que lo considere necesario. En gatos que no conocemos, nunca debemos rascarle la barriga aunque nos la ofrezca.

Si se trata de tu gato y compruebas que, mientras lo acaricias, se relaja y estira las patas mientras ronronea, puedes seguir un poco más pero sin pasarte en la presión sobre los laterales y el vientre.

Si, de repente, deja de ronronear, se encorva, dilata las pupilas o agacha las orejas, es mejor que dejes la sesión de caricias para otra ocasión pues, si no paras inmediatamente, seguramente tu gato te lo hará saber de una forma desagradable.



Agresion por distanciamiento

Cuando un gato siente miedo, por ejemplo, cuando llega por primera vez a casa, se acurruca en un esfuerzo por hacerse más pequeño y pasar inadvertido (es como si buscara que no lo vieran). Cuanto más nos aproximamos a un animal en este estado, más se retraerá y podremos observar las orejas plegadas hacia detrás y las pupilas totalmente dilatadas. Si seguimos avanzando, puede llegar a emitir gruñidos que buscan hacernos retroceder ya que nos considera un "agresor".

Si hacemos caso omiso de estas advertencias, no le dejamos más opciones y puede llegar a agredir, de forma defensiva, ya que su objetivo es mantener una distancia segura entre él y nosotros. Esta reacción es relativamente frecuente en gatos que llegan a lugares nuevos y desconocidos donde no tienen referencias olfativas ni de otro tipo.

Lo mejor es darle espacio para que se sienta seguro de nuestra presencia y poco a poco irnos ganando su confianza.

Esta conducta se aprecia también en gatos que sienten dolor a la manipulación. En estos casos, es preferible dejar el (transportín) abierto en la estancia. Si el gato está acostumbrado a él, rápidamente lo asociará a lugar seguro, y será más fácil trasladarlo al veterinario en caso necesario.



Agresión entre gatos de casa

No es frecuente si se conocen pero, se puede llegar a dar en presentaciones entre nuevos individuos. En caso de que se produzca una pelea, no intentar separar a los gatos con las manos, ya que podría provocar una reacción de agresividad “redirigida”* hacia nosotros, sino utilizar estímulos indirectos, como sonidos fuertes, para interrumpirla.

Resumen

Normalmente, las agresiones dentro del hogar, suelen estar motivadas por falta de comunicación entre el gato y la persona. Cuando no interpretamos o no hacemos caso del lenguaje de nuestro gato, podemos provocar situaciones estresantes para él y desagradables para nosotros.

No obstante, no debemos olvidar que los problemas físicos y neurológicos están directamente relacionados con las conductas agresivas sin causa aparente. Los problemas musculoesqueléticos, las patologías dentales, incluso los déficits sensoriales que sufren los animales geriátricos, pueden estar detrás de este tipo de conductas. Siempre es preciso realizar una revisión veterinaria para asegurarnos y, en su caso, consultar con un profesional que nos guíe de la manera más adecuada en cada caso.

Este precioso gato blanco con preciosos ojos amarillos es Rober, un gato bueno, pero tiene que aprender a no jugar con las manos a cazar. Necesita tiempo y tranquilidad. Ha pasado por muchos cambios y miedos en 3 semanas.
Rober vive en Vitoria (España)

634 45 23 03
676 94 84 47



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