lunes, 10 de noviembre de 2014

Cahorro en casa y dos buscando hogar

En nada empezamos las clases de cachorros como una forma de entender mejor a nuestro nuevo amigo y poder convertirnos en buenos referentes para él. Huelga decir que, los que asisten a estas clases muestran un gran interés en hacer las cosas bien desde el principio y es de agradecer que, cada vez, haya más propietarios preocupados por la buena educación de sus perros. En esta etapa vital del cachorro, más que educar, se trata de ayudarlo a comportarse como el ser social que es (acudir a la llamada, no subirse a nuestras piernas, no mordisquear manos…) Aún es pronto para hablar de obediencia y es mejor introducirlo gradualmente en normas simples de convivencia.

Las sesiones han de ser muy cortas, de segundos. Trabajar con un cachorrito de unos dos meses de edad, es como hacerlo con un niño de unos tres años, es decir, debemos adaptarnos a él, ya que su capacidad de concentración es muy baja y las exigencias, por tanto, han de ser igualmente bajas. 

Usamos el juego como forma de educar de forma que el pequeño, aprende lo que nos interesa, de forma lúdica y sin enterarse.

Un dato a tener en cuenta es que, la naturaleza canina, difiere de la nuestra. La boca es la herramienta principal de los perros para conocer el mundo tal y como nosotros usamos las manos y la vista, ellos recaban información agarrando todo, mordisqueando, zarandeando, tirando de juguetes y cualquier cosa que se ponga a su alcance... Todo lo anterior son conductas totalmente normales en el perro pero pueden convertirse en una pesadilla para los propietarios, sobre todo cuando juega a mordisquearnos a nosotros o a los niños como si fueran hermanos de camada. Es recomendable enseñarle al cachorro desde pequeño qué está permitido (sus juguetes) y qué no y, para ello, lo mejor cuando iniciamos la educación del animal, es mantener a buen recaudo las cosas de valor y no jugar con las manos.

Ante cualquier intento de mordisquear nuestras manos o cualquier otra cosa de valor que, por despiste, hayamos dejado a su alcance, lo mejor es redirigir la conducta hacia otras permitidas construyendo un comportamiento alternativo al que nos desagrada.


En muchas ocasiones, las personas somos mucho más salvajes que cualquier animal. Los peques que protagonizan hoy el post fueron recogidos hace un par de noches de un contenedor de basura en la ciudad de Logroño (La Rioja), donde les aguardaba un triste final. Ahora, a salvo, en su casa de acogida, esperan una familia y un hogar. Aún hoy en día, hay demasiados individuos que prefieren deshacerse de los cachorros, con el consiguiente riesgo para la salud de la madre, que esterilizarla para evitar camadas indeseadas pero, de eso, ya hemos hablado demasiadas veces.


Contacto para los cachorros: 616 589 397 (Adela)




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