miércoles, 26 de noviembre de 2014

Perros que leen

A pesar de llevar tiempo desarrollando esta actividad, hasta ahora, no me había dado por hablar de ella. Sin embargo, cada día despierta más interés entre profesores y psicólogos que se animan a preguntar e interesarse por nuestros perros lectores. Y es que, curiosamente, por muy sorprendente que nos resulte, los perros son capaces de ayudar a los niños en sus tareas escolares, mejorando las habilidades lectoras y fomentando el hábito.

Muchos niños tienen dificultades con la lectura y aún se ponen más nerviosos, cuando les toca hacerlo ante otras personas, aunque se trate de sus compañeros de clase. Cuando los niños leen al perro en voz alta, en lugar de hacerlo ante un adulto, consiguen relajarse, experimentando el placer de la lectura. Niños y animales disfrutan de la compañía mutua, se convierten en profesor y alumno, generándose un entorno cálido y confortable, donde el aprendizaje se produce sin dificultad ni presiones. Los niños están contando una historia a un amigo de cuatro patas, que les mira con cara de adoración como si realmente entendieran las palabras que oye.

A partir de ese momento, la lectura se convierte en un acto lúdico y divertido, donde todo va a discurrir alrededor del animal, estimulando la motivación, concentración e imaginación del niño, de una forma totalmente natural y distendida.

Los perros no juzgan ni critican por la forma de leer, por el ritmo o la entonación. No les importa si la pronunciación es correcta pero "escuchan" de forma que trasmiten confianza al niño, contribuyendo a que se sienta más tranquilo y cómodo ante la tarea, liberándolo del miedo a equivocarse o hacerlo mal, pudiendo volver hacia atrás y corregir en cualquier momento. Todo ello, facilita en gran medida el aprendizaje, ya que el niño, trabaja de forma autónoma y se siente responsable de la tarea. Se crea la responsabilidad de hacerlo lo mejor posible ante el peludo que los escucha atentamente.

Hay niños que, tras aprender a leer a nuestros perros, siguen haciéndolo en casa y se han acostumbrado a estudiar con sus animales de compañía a los que les cuentan la lección. La repetición y la lectura en voz alta, contribuyen a memorizar y comprender el texto que se está leyendo. Se fomenta el hábito de estudio que le acompañará el resto de su vida y que le servirá en su futuro académico.

Además, al leer al animal, que se convierte en parte activa del proceso de aprendizaje, la tarea, se convierte en una actividad placentera, que motiva mucho más, a la hora de mantener el gusto por la lectura, incluso cuando es adulto.

El Programa R.E.A.D. de Lectura con Perros (Reading Education Assistance Dogs Program) mejora las habilidades de lectura de los niños mediante la intervención de perros especialmente adiestrados para leer con ellos.

El éxito del Programa radica en la conexión emocional que se establece entre el perro y el niño o niña que lee para el animal.

Los perros son los acompañantes ideales para la lectura porque ellos:

  • Escuchan atentamente
  • Ayudan a relajarse y disminuyen la ansiedad
  • No juzgan, no se burlan, no critican
  • Son menos intimidantes que los compañeros de clase o que los adultos
  • Dejan que el niño vaya a su propio ritmo
  • Es muy agradable (los niños pueden acariciar al perro, tumbarse sobre él...)
  • Leer con el perro es visto por el niño como un juego, no como una obligación.

Los perros de terapia que participan en el Programa R.E.A.D  son muy especiales, y tienen unas características determinadas, que los hacen únicos. Están específicamente adiestrados para las sesiones de lectura, pudiendo actuar como si leyeran con el niño.

Son perros especialmente dispuestos para el trabajo con personas, especialmente niños, por su carácter pacífico y su predisposición al contacto físico y las caricias.

Con carácter previo a su participación en un programa de lectura, cada perro tiene que aprobar un examen de comportamiento y obediencia, que acredite que cumple con los requisitos exigidos para ser perro de terapia. Los perros deben examinarse cada dos años, con el fin de garantizar, en la medida de lo posible, que mantienen las condiciones adecuadas para su trabajo.




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