domingo, 8 de febrero de 2015

Bebés y perros…..

La llegada de un bebé suele absorber gran parte del tiempo de los recién estrenados padres. Los ratos en que estamos más tranquilos, por ejemplo, cuando el niño duerme, pueden ser aprovechados para jugar y prestarle atención al perro. De este modo, intentamos que el perro no se sienta desplazado.

Sin embargo, los perros no siempre interpretan las cosas de la misma forma que nosotros. En este caso en concreto, la interpretación del perro va a ser tan sencilla y tan lógica como la que sigue:

  • Cuando está el niño delante, no me hacen apenas caso.
  • Cuando el niño no está, vuelvo a recuperar la atención de mis dueños.


Si deseamos evitar malos rollos, debemos conseguir que el aprendizaje del perro sea el adecuado, podemos proceder de la siguiente manera:

Si el niño está presente debemos, en la medida de lo posible, prestarle atención también al perro. 

Todos los juegos, las caricias y las golosinas deben ser entregadas en presencia del niño.

Si el niño no está “en escena”, debemos de forma deliberada reducir el grado de caricias y atenciones que recibe el perro.

En otras palabras, el perro sólo obtendrá cosas de nosotros en presencia del niño, y no al revés como ocurría antes. Ahora el aprendizaje del perro será:
  • Cuando está el niño delante me hacen caso y me divierto como siempre.
  • Cuando el niño desaparece me aburro y ellos me ignoran.




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