jueves, 18 de febrero de 2016

No subas la voz… Mejora tu argumento.

Un error frecuente en el día a día es intentar hacernos "oír" a golpe de grito... Ocurre en muchas facetas de nuestra vida: en casa con la familia, con los amigos, en el trabajo y, por supuesto, también se da frente a los animales de casa.

En demasiadas ocasiones, nos enfadamos con nuestros perros porque, a nuestros ojos, se muestran desobedientes y no hacen caso de aquello que le decimos. Le tildamos de cabezotas y testarudos pero, es más que probable que, en esos casos, la mayor parte de la responsabilidad de lo que está ocurriendo sea nuestra y, en concreto de nuestro tono de voz y lenguaje corporal, que nos convierte instantáneamente en "monstruos" a los ojos de nuestro perro.

En esos casos debemos pararnos un momento y pensar que quizá, nuestro perro no entiende lo que le estamos diciendo. Tenemos la costumbre de hablar en exceso, elevar el tono de voz y hasta gritar, cometiendo el error de creer que el animal comprende TODO lo que les decimos cuando no necesariamente es así. Si además, tenemos en cuenta que el oído del perro es mucho más sensible que el nuestro, no tiene sentido elevar el tono de voz para hacernos entender. En realidad, cuando le gritamos, el perro advierte que algo no va bien (percibe nuestro enfado) aunque no tenga claro a qué es debido, e intenta poner los medios a su alcance para tranquilizarnos a la manera perruna (moverse despacio, girar la cabeza, olisquear, retrasar la llegada...) lo que a ojos humanos en demasiadas ocasiones y de forma errónea se interpreta como una forma de desobediencia imperdonable.

Muchas veces la conexión se rompe por culpa nuestra por no haber puesto el empeño suficiente en ser concretos y coherentes. La comunicación entre perro y propietario es vital y debemos cuidarla, mejorando el argumento, conociendo a nuestro perro y adaptándonos a su naturaleza para hacernos entender de forma clara y sin estridencias.


Imagen: http://goo.gl/BQfXv5


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