jueves, 31 de marzo de 2016

De perros y collares...

El área de la garganta es una de las más sensibles y vulnerables del organismo del animal aunque solemos pasarla por alto. El mal uso de los collares (y más si son de ahogo, de castigo o “educativos”, es decir, de pinchos), pueden causar multitud de lesiones físicas importantes al comprometer la función respiratoria normal, la oxigenación del cerebro y el normal intercambio de información entre el sistema nervioso central y la actividad motora (si no respiras, difícilmente podrás aprender algo de provecho).

Además, no debemos perder de vista que mucha actividad hormonal (determinante para el equilibrio físico y psicológico del animal), se concentra en zonas concretas del cráneo.

La hipófisis es una glándula ubicada en la base del cerebro del perro muy cerca del hipotálamo las cuales se unen por el tallo hipofisario. Consta de dos partes importantes, la adenohipófisis o lóbulo anterior  y la neurohipófisis o lóbulo posterior. La adenohipófisis segrega las hormonas de la reproducción FSH Y LH encargadas de la maduración folicular en el ovario, también produce la hormona del crecimiento GH, la hormona estimulante de la tiroides la tirotropina, la corticotropina, la prolactina, y la neurohipófisis secreta la hormona oxitocina entre otras.

El sistema Neuroendocrino está interconectado entre sí, de forma que una actividad del eje Hipotálamo-Hipófisis-Supra-renal, puede afectar positiva o negativamente sobre la función tiroidea y gonadal.


Hay un par de libros que explican cómo funciona la neuropsicología canina y porqué los problemas de espalda (y cuello) pueden estar detrás de muchos problemas de conducta.




Importante por eso, enseñar a tu perro a andar sin tensión en la correa.



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